Fundación de Occidente. Jorge Mª
Ribero-Meneses
DICCIONARIO UNIVERSAL. Tomo I. Las Fuentes Tamáricas -I-.
Introducción. La singularidad de la Bahía de Santander
Por
orden dimanada directamente de
Alertado por el temor de que un enclave tan
extraordinario como el que ocupa la mencionada finca -sin la menor duda, el
espacio más privilegiado de todo el amplio arco de
Descubrimientos en cadena Inicio
Los estudios que vengo desarrollando,
frenéticamente, desde los albores de este año 2005, han superado
con creces todas mis expectativas previas. Porque inicié mis
investigaciones con el propósito de salvar una finca privilegiada y de
rescatar del olvido un posible monasterio, y un mes más tarde ya
había desembocado en la certeza
de que el degradado cerro conocido como Peña Castillo que se yergue
junto a la finca de Campo Giro o de
La intensa y extensa correspondencia que durante los
últimos meses del año 2004 y primeros del 2005 he mantenido con
las más altas instancias de
Pero el periplo
de mi investigación, convertida en una verdadera cadena de sorpresas, estaba muy lejos de haber culminado con esos
hallazgos. Porque apenas medio mes después de haber rescatado del olvido
a las Tamáricas, vine a comprender que el subsuelo de la hoy
amenazada heredad de Campo Jiro
guarda celosamente en sus entrañas lo que pueda haber perdurado de un impresionante santuario rupestre con
una antigüedad no menor a 40.000 años. Santuario que tengo
razones para pensar que fue el modelo
de Altamira y de todas las grutas con pintura rupestre descubiertas hasta la
fecha en el Norte de España y el Sur de Francia. Enclaves
paleolíticos que, como es sobradamente conocido, constituyen las primeras manifestaciones artísticas y
culturales de toda la historia de
Ante esa acumulación de descubrimientos,
valorados por todos como meras hipótesis, sólo mi
determinación y la contundencia de mis escritos y hasta de mis denuncias
elevadas a las más altas instancias jurídicas del Estado, han
conseguido borrar la impresión de que estaba jugando de farol y que en mi afán por salvar una finca de
dominio público verdaderamente paradisíaca,
estaba inventando una serie de argumentos de difícil -que no imposible-
verificación. Porque tendría que estar absolutamente loco para
arruinar mi vida, destruir toda mi obra y devastar mi prestigio,
inventándome una serie de fantásticas localizaciones con el fin
de salvar una finca que nada tiene que ver conmigo y cuya verdadera identidad
va a acabar siendo conocida más tarde o más temprano. Lo que
quiere decir que mi supuesta farsa se vería desenmascarada a la postre,
convirtiéndome en el hazmerreír de todos e inmolando en el altar
de ese único error, todos los millares
de aciertos que hoy se acumulan ya en mi largo historial de
investigación sobre la génesis del ser humano y de la
civilización.
Debo callar, por ahora, las conclusiones más
importantes a las que he llegado hasta el momento, en el decurso de los poco
más de tres meses de estudio que llevo consagrados a descifrar la
verdadera idiosincrasia histórica de la heredad de Campo Jiro. Sólo las personas más allegadas a
mí conocen esos descubrimientos, que deberé ocultar aún
por algún tiempo, como medida cautelar y con el ánimo no de
protegerme a mí mismo sino de proteger aquello que trato de salvar.
No, no callo porque tema que me desautoricen o
contradigan las excavaciones que habrán de realizarse, inexcusablemente.
No es ése en modo alguno mi temor y buena prueba de ello el propio
contenido de este libro, en el que me dispongo a lanzar, sin una sola evidencia
visible, la hipótesis arqueológica más arriesgada que se
haya aventurado jamás. Sin contar, insisto, con una sola prueba visible,
pericial, y sin que la imposibilidad
de acceder a la finca objeto de mis pesquisas, regentada por el
Ejército, me haya permitido realizar sondeo alguno en el terreno.
El día, ojalá que cercano, en que se
excave la heredad de Campo Jiro, se
descubrirá lo que haya podido perdurar del templo rupestre de primerísima magnitud que afirmo se
esconde en sus entrañas. Y obsérvese que estoy
refiriéndome a un templo, no
a un simple santuario como los que podemos encontrar en todas las cuevas
con arte rupestre del Norte de
España y del Sur de Francia.
Y es que la diferencia entre un templo
y un santuario vendría
dictada por el carácter relativamente natural de éstos y por la
índole artificial, humana, de
aquéllos. Es decir que mientras que los santuarios los ha modelado
Sí, a estas alturas del año 2005 las
excavadoras habrían dado ya buena cuenta del hito histórico más importante que quepa imaginar,
porque el Gobierno de Cantabria,
advertido de cuanto antecede por varios escritos míos y por un reportaje
de cuatro páginas publicado
el domingo 20 de Febrero 2005 en el periódico Alerta de Santander[lám.
C], ha venido haciendo caso omiso de
todos los argumentos y pruebas aportados, persistiendo
en su empeño de arrasar la heredad de Campo Jiro, con el fin de edificar en ella varios miles de
viviendas que pueden y deben ser construidas en otros puntos de la ciudad ya
sugeridos por mí y en los que no se produciría daño alguno
ni contra el paisaje ni contra el Patrimonio Histórico-Artístico
de la que muchos reconocen ya como la región decana de
Tanto a título personal como en mi calidad de
presidente de
Tal como están las cosas en el momento de
redactar estas líneas, sólo la pronta intervención de las
dos Altas Instituciones mencionadas y la moderación y el reconocido buen
criterio del Ministro de Defensa, D. José Bono, pueden evitar que
se consume la destrucción de un enclave de tan colosal trascendencia
histórica, librando de este modo de las responsabilidades penales en que habrían
incurrido, a todos los altos cargos que están interviniendo en este
asunto y a los que ya he advertido, reiteradamente, de cuanto antecede. Por lo
demás, la labor de preciosa mediación que he recabado,
debería incluir la recomendación al Estado de no ceder al
Gobierno de Cantabria la propiedad de la heredad de Campo-Jiro, conservando el pleno dominio sobre ella mientras se
llevan a cabo las investigaciones pertinentes y confiando su Administración,
después, al Patrimonio Nacional. Entre otras razones porque
hitos de tan inconmensurable
trascendencia histórica, no son
ni deben ser considerados predio de la región en la que se hallan
enclavados, sino patrimonio irrenunciable de toda la sociedad
española, representada y encarnada en el Estado Español.
Quiero SUPLICAR
de las Instituciones de cuya administración depende, en una u otra
medida, la heredad de Campo Giro -y me estoy refiriendo al
Ministerio de Defensa, al Ayuntamiento de Santander, al Ministerio de Cultura y al Gobierno de Cantabria- que pongan el máximo celo en el tratamiento de
todo este asunto, emprendiéndose cuanto antes los trabajos de
exploración arqueológica que permitan corroborar o desmentir mi
tesis. Porque si efectivamente se ha conservado en
Suplico, pues, generosidad
y altura de miras por parte de todos, en la convicción de que cuanto
en estas páginas se dice por vez primera, sólo beneficios, y de toda índole, habrá de
depararles a Cantabria... y a España.
Un Parque
Arqueológico único en
Más de veinte
años de investigaciones multidisciplinares sobre el primer
poblamiento de España y de Europa, desarrolladas con
dedicación plena y exhaustiva, me han proporcionado un ingente volumen
de conocimientos y de informaciones respecto a la idiosincrasia de aquellas
remotísimas poblaciones troglodíticas que nuestros antepasados
racionales, ya desde hace decenas de
miles de años, crearon en Cantabria
en montes aislados, fácilmente defendibles, y preceptivamente
situados a la orilla de lagos, ríos, esteros y bahías. El hecho,
justamente, de conocer en profundidad
Por lo que al conjunto de España se refiere, parece ocioso subrayar el enorme
interés que entraña para ella el hecho de que, como hoy reconoce
ya la comunidad científica internacional, todos los habitantes del continente europeo compartan unas
raíces comunes que se hunden a
orillas del Cantábrico central y oriental. Región desde la
que, al producirse el desenlace de la última glaciación hace en
torno a 12.000 años, se
produjo la diáspora que habría de llevar la presencia humana a
los enormes territorios liberados por los hielos glaciales.
El Gobierno Regional y el Ayuntamiento de la ciudad
tienen ante sí la posibilidad de dar una nueva dimensión a la
capital de Cantabria, sabiendo sacar
partido de los descubrimientos que se describen en estas páginas. Porque
lejos de cifrar todo su progreso en su crecimiento industrial, tienen ante sí la posibilidad
de crear un enorme y privilegiado Parque
que, extendiéndose en torno a
Santander tiene a su alcance la posibilidad de
convertirse en la ciudad del mundo con
mayor superficie arbolada, ampliamente por delante de Madrid que ocupa hoy el segundo lugar. De este modo, una ciudad que posee uno de los
emplazamientos más privilegiados del planeta, pero con la que
El Gran Parque de
El arranque o inicio del proyectado Gran
Parque o Arco Verde en torno a
La ciudad de Santander
tiene pues, ante sí, la última
posibilidad de contar con un Parque
digno de tal nombre que permita compensar el caos que ha supuesto su
desordenado desarrollo urbanístico y la proliferación, en su
casco urbano, de edificios de mala calidad y peor gusto.
El Parque cuya creación recomiendo con toda
vehemencia, supone una iniciativa
altamente enriquecedora para la ciudad de Santander, amén de una reflexión elevada a los
poderes públicos para que no pierdan de vista que no gobiernan
exclusivamente para las gentes de nuestra generación sino
también, y sobre todo, para todas las generaciones futuras que serán
víctimas o beneficiarias de las decisiones que hoy se adoptan y que en
algunos casos, como el presente, tienen un carácter irreversible. Porque
lo que se plantea es la salvación del único espacio verde que
subsiste en la ciudad de Santander y
en su entorno inmediato. Lo que se plantea, pues, a las dos Administraciones
que hoy gobiernan la ciudad de Santander, es que actúen con
visión de futuro y que sigan el ejemplo de todas aquellas ciudades que
están haciendo todo lo indecible para rodearse de un cinturón vegetal
que por una parte limite su crecimiento y, por otra, ejerza de pulmón de
sus aglomeraciones urbanas. El caso de Madrid
es un ejemplo paradigmático de ello. O el de Buenos Aires, al haber creado el Parque Costanera Sur en el extrarradio de la ciudad, con 350 Has. de humedales y de zonas
arboladas destinadas al esparcimiento de los Bonaerenses y a la acogida de numerosas especies protegidas. Algo
así es lo que se reclama de los poderes públicos en el caso de
Los cruciales descubrimientos que se desvelan por
vez primera en estas páginas, hacen no ya aconsejable sino obligada la creación de ese
extenso espacio verde que dignifique una de las Bahías más hermosas del mundo y frene la constante
degradación a la que está sometida. Bahía que se halla
coherentemente jalonada por yacimientos paleolíticos, de relieve
universal, como los de
Ojalá que la grandeza de miras y la
visión de futuro primen sobre otras consideraciones... Ojalá que
no se prive a una de las Bahías más bellas y más
degradadas del planeta, de la posibilidad de llegar a contar con un extenso
cerco vegetal que la dignifique y que la devuelva, aunque sea en una
ínfima medida, la belleza, la armonía y la grandeza que, a lo
largo de toda
Apostilla:
En la históricamente eminente
población sevillana de Alcalá
del Río, a orillas del Guada-al-Kibir, se concibió
un proyecto de construcción de viviendas similar al que pretende
llevarse a cabo en Santander, con
tan mala fortuna que al poco de iniciarse los trabajos de explanación y
cimentación, fue a aparecer una
necrópolis ibérica de más de 2200 años de
antigüedad, que guardaba en su seno algunas tumbas extraordinariamente
interesantes. Para que el proyecto inmobiliario no se viera abortado, se
efectuó una somera excavación, se grabó un vídeo
con los hallazgos y, tras correrse un tupido velo, se dio carpetazo al asunto y
se edificó la barriada proyectada sobre ese importantísimo vestigio
de nuestro pasado. ¿Cómo calificar a quienes así se
conducen? El más piadoso epíteto que se me ocurre es el de cafres. Una especie que, por desgracia,
cuenta con una nutridísima representación en España y merced a la cual, merced a todos esos millones de personas, nuestro
país perdió hace mucho tiempo la privilegiada posición que
siempre había ocupado como la nación que poseía el
más antiguo, mayor, más variado y más brillante Patrimonio
Histórico-Artístico de la Tierra.